Amor idealizado: por qué amamos la idea de la persona

Clase de origen: Noites brancas, de Fiódor Dostoiévski

Quien está enamorado no ama a la persona en sí, ama la idea que se hizo de ella: esa es la tesis que Dostoyevski dramatiza en Noches blancas y que vale para cualquier pasión, dentro o fuera de la novela.

La idea que nadie sostiene solo

El protagonista sin nombre de Noches blancas conoce a Nástenka por casualidad, en un puente de San Petersburgo, y en cuatro noches construye para ella un amor entero. Dostoyevski no deja esto implícito, lo dice sin rodeos: el soñador "no ama a la persona como objeto, ama la idea que se creó de esa persona". La idea circula libre. Ningún autor la sostiene solo, pertenece a quien la formula y se confirma, obra tras obra, en quien observa el mismo patrón en la vida real.

Esto explica un fenómeno común: por qué la persona enamorada solo ve cualidades, mientras quienes están alrededor, sin ese filtro, tienen una visión más realista de quien se describe. No es que el enamorado mienta. Es que mira otra cosa: la construcción que hizo, no la persona que la inspiró.

El corazón tiene razones que la razón desconoce

Blaise Pascal escribió que el corazón tiene razones que la propia razón desconoce, y es esa frase la que mejor describe lo que le pasa al protagonista de Noches blancas. Sabe, racionalmente, que conoce a Nástenka hace apenas unos días. Eso no le resta intensidad al sentimiento, porque el amor idealizado no nace del tiempo de convivencia, nace de la imaginación, y la imaginación trabaja rápido.

Por eso la pregunta central de la novela es también la pregunta central de este artículo: ¿es posible amar a alguien a quien apenas se conoce? Dostoyevski responde que sí, y que esa respuesta tiene un precio. Amar la idea de alguien es amar algo que solo existe dentro de quien ama, y por eso resulta a la vez más fácil de sentir y más difícil de sostener frente a la persona real.

La vida es sueño

Calderón de la Barca dejó la frase que resume el mecanismo: la vida es sueño. El enamorado sueña, le da rienda suelta a la imaginación, y en ese sueño la persona amada aparece más grande de lo que es, más coherente, más bella, más disponible. El soñador de Noches blancas vive en ese régimen todo el tiempo, incluso antes de conocer a Nástenka: ya era, por temperamento, alguien que habita más sus pensamientos que las calles por donde camina.

Amor sin malicia

Hay una versión de esta misma estructura que casi todo el mundo ha vivido, y que Dostoyevski usa como espejo: el amor infantil, la pasión platónica por la maestra. ¿Quién no se enamoró alguna vez de un profesor o una profesora? Es un amor sin malicia, formado por completo de admiración y distancia, sin ningún conocimiento real de quién es esa persona fuera del aula. Es el amor idealizado en su forma más pura, porque ahí el niño ni siquiera intenta disimular que ama una imagen, no una biografía.

El protagonista de Noches blancas lleva ese mismo amor sin malicia, solo que de adulto, y por eso más peligroso: sabe que está construyendo algo, y aun así no puede, ni quiere, dejar de construirlo. Entender este mecanismo no es motivo para desconfiar de todo sentimiento, es solo reconocer, como reconoció Dostoyevski, que la distancia entre amar a una persona y amar la idea de esa persona es menor de lo que uno imagina, y que vale la pena saber en cuál de las dos orillas se está.

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Preguntas frecuentes

¿Qué significa el amor idealizado?

El amor idealizado es amar no a la persona real, con sus defectos y su propia historia, sino la idea que se creó de ella. Quien está enamorado proyecta sobre el otro una imagen elevada, hecha casi por completo de cualidades.

¿Por qué las personas enamoradas solo ven cualidades en quien aman?

Porque la pasión filtra la percepción. Quienes están alrededor, sin ese filtro, suelen tener una visión más realista de la misma persona. Es la diferencia entre mirar a alguien y mirar la idea que uno se formó de alguien.

¿Es posible amar a alguien a quien apenas se conoce?

Sí, y ahí reside precisamente el riesgo del amor idealizado. Basta poco tiempo, a veces una sola noche, para que la imaginación construya a una persona entera a partir de unos pocos rasgos reales.

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