No eres hoy quien eras ayer. Pero tampoco lo es una persona completamente nueva en cada momento. Aristóteles explica esta continuidad con dos conceptos, acto y potencia.
¿Qué es acto y qué es potencia?
Todo lo que existe está en algún lugar entre lo que ya es, el acto, y lo que puede llegar a ser, el potencial. Un niño tiene el potencial de ser adulto, pero aún no lo ha hecho. Un bloque de mármol tiene el poder de convertirse en estatua, pero sólo el escultor lo actualiza. El cambio, en esta lógica, no es la destrucción del ser, es la actualización de sus poderes, el ser convirtiéndose más plenamente en lo que ya era en germen.
¿Por qué esto cambia el debate?
Esta distinción separa a Aristóteles de ambos. Heráclito, para quien todo es puro flujo, como para Parménides, para quien nada cambia realmente. Para Aristóteles, se cambia, sí, pero hay una sustancia que permanece a través del cambio de los accidentes (color, tamaño, humor, opinión). Lo que cambia son los accidentes. Lo que persiste es la sustancia, lo que te hace quien eres.
Tomás de Aquino y el acto puro
En el siglo XIII, Tomás de Aquino hereda estos conceptos de Aristóteles y los integra en la teología cristiana. Para Tomás, Dios es Acto Puro, el único ser que no tiene poder inactualizado, que no puede ser más de lo que ya es, idéntico a sí mismo en toda la eternidad. La criatura, por el contrario, es movimiento, es el paso continuo de la potencia al acto, no como imperfección, sino como participación del ser de Dios. El cambio, bien ordenado, es la forma que tiene el ser finito de amar al infinito, y esta dirección es la que falta en el fluir puro y ciego de quien cambia sin hábito ni carácter para darte dirección.
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¿Qué son acto y potencia, para Aristóteles?
Todo lo que existe está en algún lugar entre lo que ya es (acto) y lo que puede llegar a ser (potencia). El cambio no es la destrucción del ser, es la actualización de sus poderes: el ser se vuelve más plenamente lo que es.
¿Qué añadió Tomás de Aquino a esta idea?
Tomás de Aquino llama a Dios el Acto Puro, el único ser sin potencia no actualizada. La criatura, por el contrario, es movimiento, paso continuo de la potencia al acto, no como imperfección, sino como participación del ser de Dios.
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