Fe y razón: ¿rivales, separados o aliados?

Imagina a dos personas frente al mismo atardecer. El primero calcula la longitud de onda y la refracción de la luz en la atmósfera. El segundo permanece en silencio y siente que eso significa algo. La pregunta es simple: ¿son enemigas estas dos personas?

¿Es necesario que uno esté equivocado para que el otro tenga razón? ¿O, sin saberlo, miran la misma realidad con otros ojos? La relación entre fe y razón es la cuestión más decisiva en una formación cristiana, y hay tres respuestas posibles. La forma en que respondes decide el tipo de mente que construirás.

Primero que nada, ¿qué significan las palabras?

La mitad de las peleas sobre la fe y la razón son, en el fondo, peleas por palabras mal definidas. Razón proviene del latín ratio, que los romanos utilizaban para traducir el griego logos: cálculo, proporción, medida, habla. Pensar es medir la realidad y encontrar el orden que ya está ahí.

Fe proviene del latín fides, confianza y fidelidad. En griego, pistis. La raíz hebrea emunah lleva la idea de firmeza, de algo sobre lo que se puede apoyar el peso del cuerpo. En el uso moderno, fe se ha convertido en sinónimo de creer sin razón. La palabra original no dice eso. La fe es una confianza bien fundada, el tipo de confianza que se deposita en un amigo probado. Lo opuesto a la fe no es la razón. Lo opuesto a la fe es la desconfianza.

Primera respuesta: rivales

La primera respuesta dice que la fe y la razón son enemigas. Donde uno avanza, el otro retrocede. Tiene dos caras opuestas y ambas cometen errores. Por un lado, el fideísmo, la fe que desprecia la razón, resumida en la provocación de Tertuliano: "¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?". Por el otro, el cientificismo, la razón que sólo acepta lo que se puede pesar y medir, y descarta todo lo demás como superstición.

La idea de que la ciencia y la fe siempre han estado en guerra es una invención del siglo XIX. La ciencia moderna nació en el seno de universidades fundadas por la Iglesia, financiadas por sacerdotes y monjes convencidos de que estudiar la Creación era una forma de honrar al Creador. La hipótesis de la rivalidad es dramática, pero no resiste la historia.

Segunda respuesta: separar

La segunda respuesta es más elegante. La fe y la razón no serían enemigas, simplemente no tendrían nada que ver la una con la otra. La formulación más influyente es la del biólogo Stephen Jay Gould, quien en 1997 acuñó el acrónimo NOMA, enseñanzas que no se superponen: la ciencia se ocupa de los hechos, la religión se ocupa de los valores y no hay fronteras comunes.

Parece prudente, pero tiene un precio oculto. El cristianismo hace afirmaciones sobre hechos: que el universo tuvo un principio, que hay un Dios que actúa, que un hombre llamado Jesús vivió y murió en la historia. Empujar la fe al cuarto de los sentimientos es decir que no habla de lo real. El divorcio mantiene la paz y la paga con la verdad.

Tercera respuesta: aliados, las dos alas

Queda la respuesta de la gran tradición cristiana. Fe y razón son aliadas, dos caminos hacia una misma verdad, porque la verdad es una. Esta alianza tiene una fórmula, perfeccionada por tres autores.

Agustín decía: creer para entender, entender para creer. La fe abre la puerta, la razón entra y explora la casa. Anselmo de Canterbury le dio a esto el nombre que prevaleció, fides quaerens intellectum, la fe que busca la comprensión. Y Tomás de Aquino selló el principio: la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. La verdad no puede contradecir la verdad, porque Dios es el autor de la razón y el autor de la revelación.

Fue esta intuición la que Juan Pablo II transformó en imagen, al abrir la encíclica Fides et Ratio, de 1998.

La fe y la razón son como las dos alas por las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad.

Un pájaro con una sola ala no vuela: gira en círculos en el suelo. La fe sin razón se convierte en fanatismo. La razón sin fe se convierte en un frío cálculo que conoce el precio de todo y el valor de nada. Tienes que batir ambas alas para subir. No es casualidad que el primero de estos tres autores, Agustín, sea también el más dramático: no se convirtió a pesar de pensar, sino porque pensó hasta el límite. Este giro se estudia en su totalidad en el segundo libro de nuestracurso de historia de la iglesia.

¿Por qué decide el tipo de mente que construyes?

La gran tradición cristiana nunca te ha pedido que elijas entre creer y pensar. Pidió todo lo contrario: que creas lo suficiente para pensar hasta el final, y que pienses lo suficiente para creer con todo lo que eres. Quien calcula la luz y quien siente el significado se encuentran ante la misma realidad. Sólo ven el panorama completo cuando dejan de pelear y empiezan a mirar juntos.

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Preguntas frecuentes

¿Son opuestas la fe y la razón?

No, según la gran tradición cristiana. Lo contrario de la fe no es la razón, es la desconfianza. Fe y razón son dos caminos hacia una sola verdad: la fe abre la puerta y la razón explora la casa.

¿Cuál es la imagen de las dos alas?

Ésta es la imagen que utiliza Juan Pablo II al comienzo de la encíclica Fides et Ratio de 1998: la fe y la razón son las dos alas por las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad. Un pájaro con un ala gira en círculos en el suelo.

¿La Iglesia siempre ha estado en guerra con la ciencia?

No. La idea de la guerra permanente es una tesis del siglo XIX. La ciencia moderna nació en el seno de universidades fundadas por la Iglesia, financiadas por sacerdotes y monjes que veían el estudio de la Creación como una forma de honrar al Creador.

Continuar: ¿Qué es Fides et Ratio? · ¿Qué es el fideísmo? · que es el cientificismo
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