El Juicio Final, de Miguel Ángel

La crónica de la época dice que cuando el Papa Pablo III vio por primera vez el Juicio Final, guardó silencio, cayó de rodillas y oró. El hombre más poderoso de la cristiandad, arrodillado ante un cuadro, porque el Juicio Final no trata de la gloria divina, sino del terror divino.

Un Cristo que sentencia, no que bendice

Miguel Ángel tenía 61 años cuando empezó a pintar el Juicio Final en la pared del altar Sixtino, entre 1536 y 1541, veinticinco años después de pintar el techo. Roma había sido saqueada, la Reforma había quebrantado la cristiandad, y el Cristo que pintó no es el Cristo manso de los Evangelios, es joven, musculoso, más cercano a Apolo. El brazo levantado no es un gesto de bendición, es un gesto de sentencia. Abajo, los condenados no son monstruos, son hombres y mujeres con rostros reconocibles.

Una venganza eterna

El fresco escandalizó a Biagio da Cesena, el maestro de ceremonias del Papa, quien se quejó de los desnudos ante Pablo III. Miguel Ángel respondió de la manera más elegante posible: inmortalizó a Biagio en el infierno, como Minos, el juez de los muertos en la Divina Comedia de Dante, con orejas de burro. El crítico fue eternamente condenado por el artista que criticaba.

El ajuste de cuentas sin consuelo

El Juicio Final fue pintado en la pared donde todo sacerdote mira durante la misa, obligando a los hombres de la Iglesia a enfrentar, diariamente, la posibilidad de su propia condenación. No hay una promesa suave de que todo estará bien, solo llega el momento en el que nadie está seguro de qué lado tomará. Es la comprensión de que la grandeza exige un precio y que la fe más sincera coexiste con la duda más profunda, no como una debilidad, sino como una condición humana.

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Preguntas frecuentes

¿Qué representa el Juicio Final de Miguel Ángel?

Se trata de un fresco en el muro del altar de la Capilla Sixtina, pintado entre 1536 y 1541, que representa el juicio final de la humanidad, con Cristo sentenciando a los salvos y a los condenados. Contrariamente a la tradición, no es un escenario de consuelo, sino de terror y responsabilidad.

¿Quién es el personaje con orejas de burro en el día del juicio final?

Es Minos, el juez del infierno en la Divina Comedia de Dante. Miguel Ángel le puso el rostro de Biagio da Cesena, el maestro de ceremonias del Papa que se había quejado de los desnudos del cuadro, venganza en forma de condenación eterna.

¿Por qué lloró el Papa Pablo III al ver el Juicio Final?

Según crónicas de la época, permaneció en silencio, cayó de rodillas y oró. La pintura no celebra la gloria divina, muestra el terror al ajuste de cuentas, y el propio representante de Dios en la Tierra se encontró enfrentando la posibilidad de su condena.

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Clase fuente (YouTube): Quem foi Michelangelo (NousCast)