Angustia existencial y soledad en Pequeño Príncipe

El Principito comienza y termina en el desierto, y esto no es casualidad. El desierto es el gran símbolo de la angustia existencial y la soledad de la obra: el lugar desnudo donde, sin distracciones ni artificios, el alma finalmente se encuentra ante sí misma. Leer el libro desde esta perspectiva es descubrir, debajo de la delicada historia, uno de los textos más existencialistas de la literatura.

El desierto como crisis y revelación

Cuando el aviador se estrella en el Sahara, no encuentra ni pan ni salvación: encuentra el vacío. Pero es precisamente allí, en el silencio mineral, donde surge la petición del niño y comienza el viaje interior. En la tradición espiritual y literaria, el desierto es siempre el espacio de crisis y revelación, del alma deshidratada que necesita tocar las profundidades de la aridez antes de encontrar nuevamente sentido.

Al llegar a la Tierra, el propio Principito se encuentra por primera vez con la soledad: no hay multitudes ni acogida, sólo se oye el eco de su propia voz. Y, sin embargo, es en este lugar minimalista donde tendrá sus encuentros más decisivos. La obra sugiere que la soledad no es el final del camino, sino su condición: sólo quien cruza el vacío puede reconocer lo esencial cuando aparece.

Kierkegaard: la desesperación de no ser uno mismo

Para comprender esta angustia, la clase recurre al filósofo danés Søren Kierkegaard, considerado el embrión del existencialismo. Escribió que la mayor desesperación es no ser uno mismo. La mayoría de las personas viven intentando ser lo que los demás esperan, lo que determina la sociedad, lo que devuelve el espejo. Es una desesperación camuflada, socialmente aceptada e incluso alentada, pero desesperación al fin y al cabo.

Varios personajes del libro encarnan esta condición: el hombre vanidoso que sólo existe en la reflexión, el agitador que perdió su propio tiempo. Todo el mundo vive en una angustia silenciosa, la de quien se ha alejado de sí mismo sin darse cuenta.

Camus y el desvío al encuentro

Aún quedan ecos de Albert Camus. En el universo del absurdo el hombre camina indiferente, entumecido por la banalidad del mundo, viviendo en el desierto sin buscar sentido ni encontrarlo. Pero en El Principito hay una desviación decisiva: en el desierto de Saint-Exupéry, el absurdo no conduce a la indiferencia, sino al encuentro. El niño aparece, hace una petición que rompe la lógica, y la razón deja paso a la imaginación y el cariño.

Ésta es la respuesta de la obra a la angustia existencial: no negarla, sino avanzar a través de ella hacia el otro. La soledad del desierto sólo puede curarse mediante la vinculación. Para seguir esta lectura filosófica en detalle, mira la clase completa.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo afronta el Principito la soledad?

La soledad aparece en el desierto donde cae el aviador y en el vacío que encuentra el propio príncipe cuando llega a la Tierra. Pero, en la obra, el vacío no conduce a la indiferencia, conduce al encuentro y a la revelación.

¿Cuál es la relación del libro con Kierkegaard?

El filósofo danés escribió que la mayor desesperación es no ser uno mismo. Varios personajes de la obra experimentan esta desesperación camuflada, y el pensamiento de Kierkegaard es el embrión del existencialismo que recorre el libro.

¿Qué tiene que ver Camus con El Principito?

En Camus, el desierto del absurdo conduce a la indiferencia. En El Principito hay una desviación: en el desierto de Saint-Exupéry, el absurdo no conduce a la indiferencia, conduce al encuentro con el otro.

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Clase fuente (YouTube): O Pequeno Príncipe, de Antoine de Saint-Exupéry (NousCast)