La Basílica de San Pedro, en el Vaticano, es la iglesia católica más grande y concentra, en un solo edificio, algunas de las obras más estudiadas de la historia del arte occidental. Para cualquiera que entre sin saber por dónde empezar, esta es la esencia de qué mirar y por qué.
La nave y el Baldaquino de Bernini
La nave central impresiona ante cualquier detalle: proporciones calculadas para parecer, al mismo tiempo, inmensas y armoniosas. Justo en el centro, sobre el altar papal y sobre el lugar tradicionalmente identificado como la tumba de San Pedro, se encuentra el Baldaquino de Bernini, un dosel de bronce sostenido por cuatro columnas retorcidas en espiral, lo suficientemente altas como para organizar visualmente todo el espacio a su alrededor.
La cúpula de Michelangelo
Al mirar hacia arriba, el visitante encuentra la cúpula diseñada por Michelangelo, quien asumió la dirección arquitectónica de la basílica en una edad avanzada y concibió la estructura que hoy es uno de los hitos más reconocibles del horizonte de Roma. La obra sólo se completó después de la muerte del artista, pero en general mantuvo su concepción original.
La Piedad, en una capilla lateral
Justo en la entrada, en una capilla a la derecha, se encuentra la Piedad, la escultura en la que Michelangelo, aún joven, esculpió a María sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto. Es la única obra que firmó, y merece la pena dar unos pasos antes de dirigirse al centro de la basílica.
La Cátedra, en el ábside
Al fondo, en el ábside, la luz conduce la mirada hacia la Cátedra de San Pedro, el monumental trono de bronce con el que Bernini encerró, siglos después, la antigua cátedra venerada como reliquia de la sede episcopal de Pedro en Roma. Es el punto más solemne del edificio, la silla más alta de la cristiandad.
Las grutas, bajo tierra
Debajo del piso de la basílica, las grutas del Vaticano albergan las tumbas de varios papas a lo largo de los siglos, un espacio más tranquilo y sereno, en contraste directo con la grandeza de la nave superior.
Recorrer estos seis puntos, en el orden en que el propio edificio dirige la mirada, desde la nave hasta la cima, desde la Piedad hasta la Cátedra, desde el centro hasta el sótano, es atravesar siglos de fe, arte y poder concentrados en un solo recorrido.
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¿Qué ver en la Basílica de San Pedro?
Seis puntos concentran lo esencial de la visita: la nave central, el Baldaquino de Bernini en el altar papal, la cúpula diseñada por Michelangelo, la Piedad de Michelangelo en una capilla lateral, la Cátedra de San Pedro en el ábside y las grutas vaticanas, donde se encuentran las tumbas de los papas, en el sótano de la basílica.
¿Quién diseñó la cúpula de la Basílica de San Pedro?
Michelangelo se hizo cargo del proyecto arquitectónico de la basílica a una edad avanzada y diseñó la cúpula que hoy domina el horizonte de Roma, aunque sólo se completó, con ajustes por parte de otros arquitectos, después de su muerte.
¿Qué es el Baldaquino de Bernini?
Un monumental dosel de bronce, sostenido por cuatro columnas en espiral, erigido por Bernini directamente sobre el altar papal y el lugar tradicionalmente identificado como la tumba de San Pedro, que marca el centro exacto de la basílica.
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Clase de fuente: O Eleito, de Thomas Mann