La Iglesia primitiva: de las catacumbas al Edicto de Milán

Antes de catedrales, concilios y universidades, la Iglesia era una comunidad pequeña, pobre y perseguida, exprimida en los márgenes del imperio más grande del mundo. Es aquí, en los tres primeros siglos, donde comienza todo, y quien se salta ese comienzo nunca comprende el resto.

La imagen que quedó en el imaginario popular es la del cristiano huyendo para esconderse en un túnel oscuro. Es una caricatura. La Iglesia primitiva no fue un grupo de fugitivos: fue una red de comunidades que se organizaron, celebraron y crecieron, aun sabiendo que la fe podía costarles la vida.

¿Qué eran realmente las catacumbas?

Las catacumbas no eran escondites, sino cementerios subterráneos. En Roma, la ley prohibía enterrar a los muertos dentro de la ciudad y el terreno era caro. Los cristianos excavaron kilómetros de galerías para enterrar a los suyos, especialmente a los mártires, y celebraron allí en las tumbas. Eventualmente sirvieron como refugio, pero su función era la muerte y la adoración, no la fuga.

Bajar a una catacumba es como leer, en las paredes, la fe de estos primeros cristianos: el pez, el ancla, el Buen Pastor pintado con pocos trazos. Allí no hay miedo, hay esperanza.

Tres siglos bajo la espada

La persecución no fue continua ni uniforme. Hubo períodos de tolerancia y oleadas brutales, según el emperador. Nerón culpó a los cristianos por el incendio de Roma; Decio y Diocleciano intentaron exterminarlos por decreto. Lo que impresiona no es el sufrimiento, sino el sereno rechazo a negar la fe, incluso ante la muerte.

Fue esta firmeza la que convirtió al Imperio. Un dicho de la época resumía el fenómeno: la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Mientras más gente intentaba borrar la Iglesia, más se extendía.

La Iglesia no venció la persecución resistiendo con las armas, sino con el testimonio.

El punto de inflexión: el Edicto de Milán

En 313, el panorama cambia de golpe. El Edicto de Milán, vinculado al nombre de Constantino, concede la libertad de culto y pone fin a la persecución legal. De una secta clandestina, el cristianismo pasó a ser una religión tolerada y, en unas pocas décadas, la fe oficial del Imperio. Comienza un mundo nuevo, con nuevos problemas: libre de existir, la Iglesia ahora tendrá que definir, con precisión, en qué cree.

Para ver la imagen completa

La Iglesia primitiva es sólo el primer acto de una historia del siglo XX. Para acompañarla con el detalle que merece, desde las persecuciones hasta los concilios, desde las catacumbas hasta las catedrales, la referencia es la colección Historia de la Iglesia de Cristo, de Daniel Rops. Para evitar recorrer en solitario una obra tan extensa, se realiza una lectura guiada, capítulo a capítulo, con todo el contexto histórico, filosófico y teológico.

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Preguntas frecuentes

¿Eran las catacumbas escondites para los cristianos?

No exactamente. Eran principalmente cementerios subterráneos, donde los cristianos enterraban a sus muertos y celebraban ante las tumbas de los mártires. Sirvieron de refugio ocasional, pero su función principal era funeraria y litúrgica.

¿Cuánto tiempo fue perseguida la Iglesia?

Durante casi tres siglos, de forma intermitente, desde el siglo I hasta principios del IV. Las persecuciones variaron desde locales y esporádicas hasta sistemáticas e imperiales, hasta que cesaron con el Edicto de Milán en 313.

¿Qué fue el Edicto de Milán?

Fue el decreto del año 313, atribuido al emperador Constantino y Licinio, el que concedió la libertad de culto en el Imperio y puso fin a la persecución legal del cristianismo.

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