Por dónde empezar a leer a Dostoyevski

Clase de origen: Noites brancas, de Fiódor Dostoiévski

Si de verdad quieres conocer a Dostoyevski, no empieces por los gritos, empieza por el susurro. Empieza por Noches blancas.

Por qué no empezar por las grandes novelas

Es tentador ir directo a los títulos más famosos, Crimen y castigo, Los hermanos Karamázov, y sumergirse de una vez en las tinieblas existenciales por las que más se recuerda a Dostoyevski. Pero esas novelas piden un terreno preparado: son obras densas, de crimen, culpa y redención, escritas por un autor que ya había enfrentado el pelotón de fusilamiento, los años de trabajos forzados en Siberia, la epilepsia, la ruina. Noches blancas nace antes de todo eso, en 1848, cuando Dostoyevski era un joven escritor de 27 años, todavía demasiado sensible para la brutalidad del mundo a su alrededor. En esta novela corta, de apenas cuatro noches y una mañana, todavía no grita, suspira, y es en ese suspiro donde está la mejor puerta de entrada a su obra.

También es cuestión de aliento. Un lector que nunca ha tenido contacto con Dostoyevski y empieza por una novela de setecientas páginas corre el riesgo de abandonarla a la mitad, sin llegar nunca a lo que hace de este autor uno de los más grandes de la literatura. Noches blancas se lee en pocas horas y entrega, en miniatura, la misma densidad psicológica, solo que en clave de luz en vez de tinieblas.

El embrión de todo lo que vendría después

Noches blancas no es solo un buen comienzo por ser corta y luminosa. Es el embrión del escritor que el mundo aplaudiría, temería y veneraría. Allí ya están los temas centrales del alma humana en Dostoyevski, solo que todavía no gritados.

El soñador de la novela vive una escisión interna: existe entre el mundo que desea y el mundo que lo rechaza, sueña para no tocar la realidad, idealiza para no sufrir. Ese comportamiento, todavía tierno en Noches blancas, anticipa la división existencial de Crimen y castigo, el dilema entre actuar y pensar, entre la moral y el instinto, entre el individuo y la humanidad. Raskólnikov actúa violentamente donde el soñador se omite con delicadeza, pero ambos son, en el fondo, prisioneros de su propia mente.

La soledad del soñador tampoco es solo emocional, es ontológica: está desconectado de la comunidad, del tiempo, de la acción, viviendo al margen, como tantos personajes de Los demonios que, al perder el vínculo con la realidad y con los valores tradicionales, se hunden en el vacío. El soñador, sin embargo, todavía guarda un resto de esperanza, todavía sueña con el amor. Los demonios que Dostoyevski crearía después ya han perdido incluso eso, pero el terreno para ellos ya se está preparando en esta novela corta de 1848.

Está también la belleza que no salva. El soñador vive en lo bello, pero muere en lo real, como el príncipe Myshkin en El idiota, el Don Quijote ruso de Dostoyevski, que cree que la belleza salvará al mundo y termina solo, devastado. Noches blancas pregunta, por primera vez, si es posible sobrevivir solo de belleza, pregunta que Dostoyevski pasaría el resto de su vida intentando responder.

Y, por último, está la fe puesta a prueba. Al amar a Nastenka, el soñador la idealiza, proyecta en ella una salvación, algo puro y absoluto: cree en el otro como posibilidad de trascendencia. Ese tema, aquí todavía romántico, se volvería teológico y filosófico en Los hermanos Karamázov, especialmente en el enfrentamiento entre Iván y Aliosha en torno a una pregunta que atraviesa toda la obra madura del autor: ¿es posible creer en el otro a pesar del sufrimiento del mundo? El soñador cree. Dostoyevski ensaya esa posición en silencio, mucho antes de confrontarla de frente.

Un orden de lectura sugerido

Si estás empezando ahora, un orden posible es este, siguiendo la propia maduración del autor:

  1. Noches blancas (1848): el susurro inicial, corta, luminosa, el mejor lugar para conocer al soñador que habita en todas las obras futuras.
  2. Crimen y castigo (1866): la escisión interna del soñador se convierte en acción, culpa y la primera gran novela de tinieblas.
  3. El idiota (1869): la belleza radical de Myshkin, el Don Quijote ruso, puesta a prueba ante un mundo cínico.
  4. Los demonios (1871): el margen y el vacío, personajes que perdieron el vínculo con la realidad.
  5. Los hermanos Karamázov (1880): la obra síntesis, donde la pregunta sobre creer en el otro a pesar del sufrimiento del mundo finalmente se confronta, entre Iván y Aliosha.

Empezar por el susurro no es un atajo, es el camino correcto. Para entender por completo lo que se planta en Noches blancas, vale la pena leer Noches blancas, de Dostoyevski: resumen y análisis y el soñador de Noches blancas, el arquetipo que atraviesa toda la obra del autor.

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Preguntas frecuentes

¿Por dónde empezar a leer a Dostoyevski?

Por el susurro, no por el grito. Noches blancas, una novela corta de 1848, es la mejor puerta de entrada, antes de las grandes novelas de tinieblas existenciales como Crimen y castigo.

¿Cuál es el orden correcto para leer las obras de Dostoyevski?

Un orden que sigue la maduración del autor, Noches blancas, Crimen y castigo, El idiota, Los demonios y Los hermanos Karamázov, del susurro inicial al grito final.

¿Por qué no empezar por Crimen y castigo o Los hermanos Karamázov?

Porque son novelas de tinieblas existenciales que piden un terreno preparado. Noches blancas ya introduce, en miniatura y en clave de luz, los mismos dilemas que esas novelas llevan a la oscuridad.

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