La Villa d'Este, en Tivoli, se visita de arriba a abajo: primero el palacio, luego los balcones que dan a todo el jardín, y sólo después el descenso entre las fuentes, que desemboca en Viale delle Cento Fontane y la Fontana dell'Organo, la más famosa del complejo. Es un jardín diseñado para ser descubierto en movimiento, no visto desde un único punto.
El cardenal Ippolito II d'Este y el encargo
La villa fue encargada por el cardenal Ippolito II d'Este, hijo del duque Alfonso I de Ferrara y de Lucrecia Borgia, hombre de gusto refinado y mecenas de artistas y escritores. Nombrado gobernador de Tivoli en 1550, quería una residencia digna de su cargo, y a partir de 1560 contrató al arquitecto y pintor napolitano Pirro Ligorio para que diseñara un palacio y un jardín sobre el antiguo monasterio benedictino de la ciudad. Las obras continuaron durante más de dos décadas, bajo la ejecución del arquitecto de la corte Alberto Galvani, y estaban casi terminadas cuando el cardenal murió, en 1572. Desde 2001, el complejo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El Órgano de Agua, la fuente que parece tocar sola
La pieza más famosa del jardín es la Fontana dell'Organo, el Órgano de Agua: un complejo sistema hidráulico, escondido dentro de la estructura de la fuente, que empuja el aire a través de los tubos del órgano utilizando únicamente la presión del agua, sin ningún mecanismo eléctrico. El efecto, para quienes la visitan sin saber qué esperar, es casi inexplicable: la fuente parece jugar sola, a intervalos programados a lo largo del día. Es un ejemplo de lo que ya era capaz de hacer la ingeniería hidráulica del último Renacimiento con el agua del río Aniene, embalsada y canalizada para alimentar todo el jardín.
Fontana dell'Ovato y Viale delle Cento Fontane
Bajando del palacio, la Fontana dell'Ovato es la primera gran parada: una cuenca ovalada con una cascada central y una montaña artificial que representa los montes Tiburtinos, de donde nacen los tres ríos a los que la fuente rinde homenaje, el Aniene, el Erculano y el Albuneo. Desde aquí parte el Viale delle Cento Fontane, un corredor de casi trescientos chorros de agua distribuidos en tres niveles paralelos, tallados en forma de obeliscos, águilas y lirios, símbolos de la Casa de Este y su alianza con la corona francesa.
Fontana della Rometta, Roma en miniatura
Al final del Viale delle Cento Fontane se encuentra la Fontana della Rometta, la "pequeña Roma", que reproduce a escala la ciudad vista desde Trastevere, con la loba capitolina amamantando a Rómulo y Remo. Es un resumen simbólico de toda la lógica del jardín: Tivoli construyendo, en agua y piedra, una versión idealizada de la capital a la que servía la familia d'Este.
Fontana dei Draghi y la Fuente de Pegaso
Entre Fontana dell'Ovato y Rometta, el recorrido pasa también por la Fontana dei Draghi, con cuatro dragones de piedra en el centro, que lanzan agua hacia arriba en arcos que cruzan el estanque, y por la fuente de Pegaso, presidida por la estatua del caballo alado de la mitología griega. Ninguna de las dos tiene la fama del Órgano de Agua, pero ambas muestran el mismo principio de diseño que rige todo el jardín: cada fuente es también un escenario, con su propia temática, y el visitante que sólo se precipita hacia la más famosa se pierde la lógica narrativa de todo el conjunto.
Qué cambia con el repertorio
Cualquiera que entre en Villa d'Este sin contexto ve un jardín exuberante, lleno de hermosas fuentes. Quien sabe qué buscar reconoce un proyecto de poder: un cardenal que utiliza la ingeniería hidráulica más avanzada de su tiempo para construir, fuera de Roma, una miniatura de la autoridad que ejercía dentro de ella. Cada fuente a lo largo del recorrido, desde el Órgano de Agua hasta la Rometta, es también un argumento visual sobre quién mandaba y qué podían encargar el dinero y la ambición de la Casa de Este.
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¿Qué ver en Villa d'Este, en Tivoli?
El recorrido esencial pasa por el palacio, desciende por los balcones hasta la Fontana dell'Ovato, sigue el Viale delle Cento Fontane y termina en la Fontana dell'Organo, que suena a intervalos mediante presión hidráulica, sin electricidad.
¿Quién encargó la construcción de Villa d'Este?
El cardenal Ippolito II d'Este, hijo del duque Alfonso I de Ferrara y de Lucrecia Borgia, a partir de 1560, tras ser nombrado gobernador de Tivoli. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto napolitano Pirro Ligorio.
¿Es Villa d'Este Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO?
Sí, desde 2001, reconocido como uno de los ejemplos más completos e influyentes del jardín renacentista italiano, con más de quinientas fuentes alimentadas por las aguas del río Aniene.
¿Cuánto tiempo se tarda en visitar Villa d'Este?
Entre una hora y media y dos horas para caminar por el jardín a paso pausado, parando en las fuentes principales. Vale la pena dedicar más tiempo cerca de la Fontana dell'Organo, que suena en ciclos, no de forma continua.
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