Viktor Frankl no se limitó a describir el campo de concentración como un lugar de sufrimiento. También lo calificó como un verdadero teatro del alma, e identificó tres actos psicológicos por los que atravesaban los presos.
Primer acto, el shock inicial
Durante los primeros días, el prisionero queda aplastado por la realidad. Todo lo que sucede parece desaparecer en un instante, el cuerpo reacciona, pero la mente entra en un estado de shock, como si lo arrojaran por un precipicio sin alas. La caída es inevitable y el miedo es absoluto.
Segundo acto, apatía y brutalización.
Después del shock, aparece el entumecimiento. La mente protege al cuerpo contra el sufrimiento continuo apagando las emociones, creando una especie de caparazón de piedra. El prisionero comienza a existir, pero no a vivir, y los actos más simples se convierten en rutina mecánica: comer, trabajar, sobrevivir. Y, sin embargo, Frankl advierte algo extraordinario: incluso en la apatía, algunos mantienen pequeñas chispas de humanidad, ocultas pero intactas.
Tercer acto, posliberación
Cuando llega la libertad, muchos se encuentran perdidos. El mundo normal parece extraño, vacío, la ilusión de la salvación choca con la realidad de la vida y surgen la depresión, la desilusión y la confusión postraumática. Pero para quienes encontraron una razón, una razón mayor para sobrevivir, abandonar el campo no es sólo físico, es espiritual: llevan consigo la prueba de que el significado da fuerza para cruzar cualquier abismo.
Por qué fue importante esta observación
Fue a partir de esta observación práctica del comportamiento humano en condiciones extremas que el logoterapia. Frankl no es el cuerpo más fuerte que sobrevive al mejor, ni al más inteligente: es el que tiene un significado, una chispa interior que transforma cada día de sufrimiento en un acto consciente de libertad.
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Ver lecturas recomendadasPreguntas frecuentes
¿Cuáles son las tres fases psicológicas que Frankl observó en los campos?
Conmoción inicial (el prisionero es aplastado por la realidad al llegar), apatía y embrutecimiento (la mente se adormece para soportar el sufrimiento continuo) y reacciones posteriores a la liberación (desilusión, depresión y confusión de quienes son liberados pero ya no saben vivir en libertad).
¿Por qué muchos prisioneros liberados estaban deprimidos?
Porque llega la libertad y el mundo normal parece extraño y vacío. La ilusión de la salvación choca con la realidad de la vida, y surge la depresión postraumática, excepto para aquellos que encontraron una razón, una razón mayor para sobrevivir: para estos, abandonar el campo no fue sólo físico, fue espiritual.
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Clase en casa (Comunidad NousCast): Em Busca de Sentido, de Viktor Frankl