Hay un patrón que se repite cada vez que una sociedad intenta deshacerse de una exageración: en lugar de encontrar el término medio, tiende a apuntar a la exageración opuesta. Es el efecto péndulo y explica mucho más que la física del reloj.
En el efecto péndulo, cuando algo está en un extremo, por ejemplo la presión total, la reacción tiende a ir con fuerza al otro extremo, la ausencia total de lo que estaba oprimiendo. El péndulo no se detiene en el centro. Cruza el centro con la misma energía que lo llevó al otro extremo.
Bakunin y la abolición total
El caso que ilustra esto más claramente, dentro de lo que cubre la clase, es el del pensador ruso Mikhail Bakunin, autor de una obra incompleta llamada Dios y el Estado. Bakunin vio al Estado y a la religión como instrumentos de dominación, entidades que esclavizan al individuo. Para él, la verdadera libertad sólo sería posible con la abolición del Estado y de cualquier forma de autoridad institucional.
Es una posición extrema, y vale la pena reconocer qué la motiva: una reacción genuina contra lo que Bakunin veía como una autoridad opresiva, tanto en el trono como en el altar. El problema no es la indignación. Es el destino que corre cuando no encuentra un lugar donde descansar.
¿Qué sucede cuando el péndulo pasa por el centro?
Sin un gobierno legítimo, el vacío de poder puede ser llenado por fuerzas violentas, lo que nuevamente resulta en opresión, pero de un tipo diferente.
Como ocurre con cualquier movimiento pendular, pasar de un extremo al otro puede provocar inestabilidad. Sin ninguna autoridad, existe el riesgo de caos y desorganización. Y donde hay un vacío, alguien lo llena, casi nunca de la manera más amable.
Esto es lo que sucede en muchas revoluciones: el pueblo se libera de un tirano y, en el proceso, termina creando otro. La caída de un poder ilegítimo no garantiza, en sí misma, que lo que viene después sea legítimo. A veces es el mismo problema con una cara nueva.
La pregunta que deja abierta el péndulo
La visión de Bakunin es más bien una reacción radical, un movimiento pendular contra el poder opresivo. Pero la gran pregunta que queda, y que vale la pena plantear en cualquier discusión sobre reformas y rupturas, es la siguiente: ¿eliminar toda autoridad resolverá el problema o simplemente lo reiniciará?
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¿Qué es el efecto péndulo, aplicado a las ideas?
Es la tendencia a que, cuando algo está en un extremo, por ejemplo la presión total, la reacción hacia ese extremo vaya con fuerza al extremo opuesto, la ausencia total de aquello que se está combatiendo. No es un movimiento hacia el equilibrio, es el cambio de una exageración por otra.
¿Cómo ilustra Bakunin este efecto?
En Dios y el Estado, Bakunin reacciona contra la opresión que vio en el Estado y la religión buscando el extremo opuesto: la abolición total de cualquier autoridad, incluida la autoridad institucional. Para él, tanto Dios como el Estado sólo existirían a expensas de la libertad individual.
¿Cuál es el riesgo de eliminar toda autoridad?
Sin una autoridad legítima, el vacío de poder tiende a ser llenado por fuerzas violentas, lo que nuevamente resulta en opresión, pero de un tipo diferente. Es el patrón que se repite en muchas revoluciones: el pueblo se libera de un tirano y, en el proceso, termina creando otro.
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