El robo de las peras es uno de los episodios más sonados de Confesiones. A primera vista resulta banal: un robo a adolescentes. Agustín le dedica páginas enteras y la razón es profunda.
el episodio
En el libro II, Agustín cuenta que, siendo joven, robó peras de un huerto vecino con un grupo de amigos. El detalle que lo atormenta es este: no tenía hambre y las peras ni siquiera estaban buenas. Se los arrojaron a los cerdos. No robó por la fruta, robó por robar. "Amaba mi propio defecto, no lo que lo causaba, sino el defecto en sí".
¿Por qué es esto un acertijo?
Casi todo pecado tiene una razón aparente: se roba por necesidad, se miente por miedo, se traiciona por deseo. Pero aquí el caso es puro. Agustín no buscó ningún bien en el fruto; parecía buscar el mal por sí mismo. Y esto, para un filósofo, es un escándalo, porque la tradición clásica decía que todo lo que se desea se desea como un bien.
La respuesta: amar en el orden equivocado
La solución que encuentra Agustín es que incluso allí había algo amado fuera de lugar: la complicidad con los amigos, la emoción de transgredir, el placer de imitar una libertad que sólo Dios tiene. El pecado no es amor en balde, es amor desordenado: un bien real, deseado en el momento equivocado, en la medida equivocada, en contra de un bien mayor.
Ésta es la semilla de la respuesta de Agustín al problema del mal: el mal no es una cosa, es la ausencia de un buen debido. Lea el Confesiones completas y entender de dónde viene esta intuición.
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¿Qué es el robo de las peras en Confesiones?
Es un episodio del Libro II en el que el joven Agustín roba peras de un huerto con amigos, sin hambre y sin querer el fruto, sólo por el placer de hacer lo prohibido. Se los arroja a los cerdos.
¿Por qué Agustín concede tanta importancia a un pequeño robo?
Porque el caso es puro: no robó por necesidad o deseo del fruto, sino por gusto del mal mismo. Es el enigma del pecado gratuito y, por tanto, el más revelador.
¿Qué enseña el episodio sobre el pecado?
Ese pecado es una posesión amada en el orden equivocado. Nadie quiere el mal como tal; quiere un bien (la complicidad, la emoción de lo prohibido) fuera de su lugar.
Continuar: Confesiones: resumen y análisis · El mal como ausencia del bien · La conversión de Agustín (tolle, lege)
Clase fuente (YouTube): Confissões, de Santo Agostinho (NousCast)