Durante cuatro siglos se ha explicado a Hamlet diciendo que es indeciso. Pero la obra de Shakespeare dice algo más, y está ahí, en el texto, para cualquiera que lea atentamente: Hamlet no duda por debilidad. Es el único personaje de la escena que se detiene a calcular el precio antes de actuar, en un castillo lleno de gente que actúa sin pensar.
Elsinore, el rey muerto y la orden que nadie puede obedecer
La obra tiene lugar en Elsinore, Dinamarca. Murió un rey. Su hermano subió al trono y se casó con la viuda en menos de un mes. Y el hijo del rey muerto, un estudiante que regresó corriendo para el funeral, observó todo.
La primera noche, un centinela ya dice que su alma está enferma, antes de que se haya revelado ningún crimen. Así abre Shakespeare la obra: con inquietud, no con asesinato. Y entonces aparece el espectro del rey muerto, hablando desde un lugar concreto: bajo el escenario, en el sótano que el teatro isabelino reservaba, por convención, para el infierno.
El fantasma cuenta lo que le pasó tras su muerte:
"Soy el espíritu de tu padre, condenado a vagar de noche por cierto tiempo, y de día confinado a ayunar en el fuego, hasta que los crímenes cometidos en mis días mortales sean quemados y purgados." (Hamlet, Acto I, escena 5)
Fuego que limpia y acaba, no fuego eterno: esto es el purgatorio, no el infierno. Y es una petición de venganza contra su propio hermano que aún sigue vivo, el nuevo rey, Claudio.
Ahí radica el dilema que sustenta toda la obra. Si el espectro es efectivamente el padre, la orden es legítima y la demora de Hamlet es errónea. Pero si es un espíritu que sólo utiliza la voz del padre, obedecer es caer en una trampa, porque la venganza es precisamente lo que se reserva la ley de Dios. La obra nunca decide cuál de las dos cosas es cierta. Y no decidir es en sí mismo una respuesta.
La prueba antes de la venganza
Hamlet no actúa según la palabra del fantasma. Exige pruebas. Cuando un grupo de actores llega al castillo, les tiende una trampa: escenifica ante la corte un asesinato como el que describe el espectro, un rey envenenado en su oído mientras duerme, y observa el rostro de su tío durante la escena. Cuando el rey pregunta el nombre de la obra, Hamlet responde con el título que Shakespeare le dio: "La Ratonera" (en el original inglés, The Mousetrap). Vale la pena señalar, para quien consulte ediciones en portugués de la obra: la traducción de referencia de este mismo texto, la versión decimonónica de D. Luís I, vierte el título como "O Laço" ("El Lazo") en lugar del más habitual "A Ratoeira" en portugués. Funciona: Claudio se levanta en medio de la función, ordena que todo se detenga y se marcha. Ya no hay dudas sobre el crimen.
Un ratón detrás de la cortina
La siguiente escena le devuelve la trampa al propio Hamlet, de forma cruel. En la habitación de su madre, oye que alguien se mueve detrás de una cortina y, sin mirar, clava el estoque en la tela y grita:
"¿Qué es esto? ¿Una rata?" (Hamlet, Acto III, escena 4)
Detrás de la cortina estaba Polonio, el viejo consejero, padre de Ofelia. Entrometido, sí, pero desarmado e inocente de la muerte del rey. Es el único hombre al que Hamlet mata sin dudar un segundo, sin hacer ningún cálculo sobre las almas y el purgatorio, y es precisamente él quien no debe morir.
La escena de la oración.
Justo antes, Hamlet tenía al asesino arrodillado y desarmado justo delante de él, orando y guardando su espada. El motivo no fue cobardía: fue un cálculo religioso sobre dónde iría el alma de Claudio si moría en ese momento. Es la escena más discutida de la obra y merece su propio artículo: por qué Hamlet no mata a Claudio mientras reza explica todo el razonamiento, y la ironía que el público ve y el héroe no.
Ofelia, la única que de verdad se vuelve loca
Como calcula Hamlet, alguien paga el precio. Ofelia es utilizada como cebo por su propio padre, es rechazada por el hombre que ama y ve a ese mismo hombre matar a su padre detrás de una cortina. Se vuelve loca, reparte flores y dice la frase más lúcida de todo el texto:
"Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser". (Ofelia, Hamlet, Acto IV, escena 5)
Poco después se ahoga y el sacerdote se niega a ofrecer un funeral completo porque las circunstancias son sospechosas. La misma duda sobre la otra vida que detuvo la mano de Hamlet ante su tío ahora acorta su funeral.
El final: casi todos mueren
En el último acto mueren Hamlet, Laertes, la reina Gertrudis y el propio Claudio, en un desenlace que todo el retraso de la obra no hizo más que posponer. Quien llega al castillo vacío es Fortimbrás, príncipe de Noruega, que recorrió todo el trozo marchando por un terreno que él mismo reconoce que no tiene valor. Ordena que levanten el cuerpo de Hamlet como el de un soldado y dice:
"Era probable que, puesto a prueba, hubiese demostrado ser un gran rey". (Fortimbrás, Hamlet, Acto V, escena 2)
Vale la pena señalar quién dice esta frase: el hombre que lo consiguió todo, y que actuó sin dudarlo por casi nada.
Hamlet no es el indeciso, es el único que calculó el precio
Junte las piezas y la lectura actual se dividirá. Hamlet exige pruebas antes de actuar, cuando podría haber confiado ciegamente en una voz del más allá, como Macbeth confió en las brujas. Mantiene su espada ante un hombre arrodillado por una precisa razón teológica, no por miedo. Y es el único personaje de la obra que se detiene, cuando todos los demás, desde su tío hasta el propio Laertes, actúan primero y piensan después, o nunca piensan en absoluto.
El precio que calculó era real. Pero, como todo retraso, tuvo un coste, y no fue él quien pagó gran parte del mismo.
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¿De qué trata Hamlet de Shakespeare?
De la parálisis de un príncipe ante lo que sabe que debe hacer y el precio que esa acción exigiría. El espectro del rey muerto exige venganza contra el hermano que usurpó el trono y se casó con la viuda, pero la venganza significa matar, y matar condena el alma.
¿Hamlet está realmente indeciso?
La lectura más común dice que sí. Pero la obra muestra algo más: es el único personaje que se detiene a calcular el coste religioso de cada acto, en un mundo en el que todos los demás actúan primero y piensan después, o nunca piensan en absoluto.
¿Cómo termina Hamlet?
Casi todos mueren en el último acto: Gertrudis, Laertes, Claudio y el propio Hamlet. Fortimbrás, príncipe de Noruega, llega al castillo vacío y toma el trono, diciendo que Hamlet habría sido un gran rey.
Continuar: Por qué Hamlet no mata a Claudio rezando · Por qué Hamlet no heredó el trono · Angustia existencial y soledad en Pequeño Príncipe · El discurso de Marco Antonio.
Clase fuente (YouTube): Hamlet, de William Shakespeare (NousCast)