Leer no es estar de acuerdo: lo más difícil de la Odisea

Clase de origen: Odisseia, de Homero

Que te guste un clásico suele parecer que exige defender todo lo que hay en él, y no es así como funciona la lectura. La Odisea, de Homero, tiene un pasaje que lo demuestra de la forma más dura posible: después de que Odiseo mata a los ciento ocho pretendientes que se habían adueñado de su casa, su hijo ahorca a doce esclavas, y el poema sigue adelante sin decir si aquello estuvo bien o mal.

La escena que los resúmenes se saltan

La matanza de los pretendientes es la parte más conocida del final de la Odisea, pero no termina ahí. Después de los hombres muertos, Telémaco recibe la orden de encargarse de las esclavas de la casa que se habían acostado con los invasores. Elige para ellas la muerte más humillante disponible, y el poema describe el resultado sin suavizarlo:

"Convulsionaron los pies durante poco tiempo, en verdad no mucho." (Odisea, Canto XXII, 457-473, según la traducción portuguesa de Christian Werner, Cosac Naify, 2014)

En el mismo pasaje, Homero compara los cuerpos de las doce mujeres con pájaros atrapados en una red (Odisea, Canto XXII, 468-472), una imagen precisa y visual, dicha y abandonada de inmediato. No hay una sola línea de condena, de justificación ni de duelo. El poema cambia de tema.

Lo que aquel mundo veía, y lo que no veía

Leer esta escena hoy duele, y es difícil porque la distancia es real. Aquel mundo trataba a esas mujeres como propiedad dañada, bienes que pertenecían a la casa y que habían sido usados por quien no debía, y el poema, en ningún momento, cuestiona ese marco. No es un desliz de traducción ni una exageración de la lectura contemporánea: es lo que dice el texto griego, y fingir que dice otra cosa sería mentir sobre el libro para poder quererlo más.

Leer no es estar de acuerdo

Es justo aquí donde vale la regla que separa a quien lee un clásico de quien solo busca confirmación en lo que lee: leer no es estar de acuerdo. Es ver lo que la obra ve, con toda la claridad que de verdad tiene, y ver también lo que no ve, sin intentar esconder ninguna de las dos cosas detrás de la otra. La misma Odisea que trata a esas mujeres como objetos es la que le da a Penélope el juicio de identidad más riguroso de todo el poema, y las dos cosas son igual de verdaderas sobre el mismo texto.

Ni pasar por alto, ni descartar el libro

Hay dos maneras de equivocarse ante una escena así, y las dos evitan el trabajo real de leer. La primera es mirar hacia otro lado: tratar el ahorcamiento como un detalle de época, mencionarlo rápido y seguir adelante, como si nombrar el problema fuera peor que el problema mismo. La segunda es descartar el libro entero por su causa, como si un clásico solo mereciera leerse cuando está de acuerdo en todo con quien lee hoy. Ninguno de los dos caminos enseña nada. Lo que enseña es sostener las dos verdades a la vez, la belleza y el punto ciego, sin soltar ninguna de las dos manos.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es el pasaje más difícil de la Odisea para un lector de hoy?

La escena en que, tras la matanza de los pretendientes, doce esclavas de la casa son ahorcadas en el patio por orden de Telémaco (Odisea, Canto XXII, 457-473). Homero compara los cuerpos con pájaros atrapados en una red y sigue adelante sin comentar el hecho.

¿Qué significa decir que leer no es estar de acuerdo?

Significa ver lo que la obra ve, y también lo que no ve, al mismo tiempo, sin elegir solo uno de los dos. Aquel mundo trataba a esas mujeres como propiedad dañada, y el poema no cuestiona eso en ningún momento, pero eso no anula el resto de lo que la obra ve con claridad.

¿Hay que estar de acuerdo con un libro clásico para que valga la pena leerlo?

No. Un clásico puede ver muy hondo en algunas cosas y ser ciego en otras, y las dos cosas conviven en el mismo texto. Descartar el libro por el punto ciego, o ignorar el punto ciego para preservar el libro, son los dos errores que evita la lectura crítica.

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