Dentro de la cueva de Polifemo, acorralado, sin ninguna posibilidad de vencer por la fuerza, Odiseo hace lo más extraño que un héroe griego puede hacer: entrega su propio nombre. Dice que se llama Nadie. Para el mundo de Homero, ser alguien depende de cuatro cosas (nombre, linaje, tierra y pasado), y Odiseo suelta la primera de ellas a propósito, solo para tener la oportunidad de recuperar las otras tres después.
Por qué no ataca al Cíclope
Polifemo es hijo de Poseidón, vive solo en una cueva que se cierra con una piedra enorme, y empieza a comerse a los compañeros de Odiseo, dos en cada comida. La salida obvia sería atacarlo mientras duerme. Odiseo lo piensa y desiste, porque ve el problema siguiente: solo el propio Polifemo tiene fuerza para mover esa piedra. Muerto el gigante, nadie más sale de allí con vida.
Es la primera lección de métis del poema, la inteligencia que resuelve en medio del aprieto, con lo que se tiene a mano, y no con la fuerza que falta. Antes de cualquier plan, había que entender eso.
El vino, la estaca, y una respuesta ya preparada
Con el problema planteado, Odiseo arma tres movimientos en secuencia. Le da vino al gigante. Prepara, con sus compañeros, una estaca de madera. Y guarda lista la respuesta para la única pregunta que falta: cómo te llamas.
Cuando Polifemo pregunta, la respuesta llega así, traducida aquí a partir de la edición portuguesa que la casa usa para citar el poema:
«Ninguno es mi nombre; Ninguno me llaman mi madre, mi padre y todos mis demás compañeros». (Odisea, Canto IX; traducido aquí a partir de la edición portuguesa de Christian Werner, Cosac Naify, 2014)
Oûtis, en griego.
El juego de palabras escondido dentro del nombre falso
Hay una capa más que vale la pena conocer. En griego, la negación que usa Odiseo para decir "nadie" suena casi igual a mêtis, la propia astucia que resolvió el problema de la piedra. El nombre que inventa para esconderse lleva, escondida dentro, la virtud que lo salva.
Y el truco funciona dos veces. Cegado, Polifemo grita pidiendo ayuda, y los demás Cíclopes preguntan quién lo ataca. Él responde que es Nadie, con astucia y no con violencia, y los vecinos concluyen que delira y se van. Odiseo escapa atado bajo un carnero. El propio narrador registra el sabor de la trampa: su corazón sonrió, porque su nombre había engañado a todos.
El grito que no necesitaba dar
Solo que Odiseo ya está a salvo, embarcado, con el enemigo cegado atrás, cuando hace lo que ningún estratega haría: se da la vuelta y grita hacia la playa. Y lo que grita no es una provocación cualquiera, es una identificación completa, tal como se presenta un griego: fue Odiseo, el destructor de ciudades, hijo de Laertes, que vive en Ítaca, quien lo cegó. Nombre, linaje y tierra, las tres primeras piezas, devueltas de una vez.
El poema describe su ánimo en ese instante con una palabra precisa, kótos, el rencor que se guarda, distinto de la cólera que hierve en la Ilíada. No es furia ciega apoderándose de la escena. Es otra cosa, más callada y más humana: el deseo de que exista, en algún lugar del mundo, alguien que sepa quién hizo aquello. Un hombre que pasó horas siendo Nadie no soporta seguir siendo Nadie.
El precio: diez años
Polifemo oye el nombre completo, y es todo lo que necesitaba. Reza a su propio padre, Poseidón, pidiendo que ese hombre nunca vuelva a casa, o que vuelva tarde, solo, y encuentre la desgracia en su propia casa. Y funciona. Odiseo recupera el nombre, el linaje y la tierra en una sola frase gritada, y es por esa frase que pierde el camino de vuelta durante diez años.
Quien cuenta esta historia es el propio Odiseo
Vale la pena recordar de dónde viene todo el episodio. Quien narra al Cíclope no es Homero hablando desde fuera: es el propio Odiseo, sentado a la mesa del rey de los feacios, contándoles a unos extraños los años que pasó fuera, antes de que ellos decidan si le pagan el viaje de vuelta. Un hombre que perdió su nombre dentro de una cueva está ahí, meses después, reconstruyendo su propia historia con palabras, la única moneda que le quedó después del naufragio.
Si esta escena te conmovió, es solo una de las cuatro piezas de la identidad que la Odisea quita y devuelve a lo largo del poema. La clase "Odisseia, de Homero" recorre las otras tres.
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Ver lecturas recomendadasPreguntas frecuentes
¿Por qué Odiseo le dice al Cíclope que se llama Nadie?
Porque matar a Polifemo no resolvería nada: solo el gigante puede mover la piedra que sella la cueva, y sin él, muerto o vivo, abriendo el paso, nadie saldría de allí. Odiseo elige engañar en vez de atacar, y lo primero que la mentira le exige es su propio nombre.
¿Qué significa Oûtis, el nombre que usa Odiseo en la cueva?
Oûtis significa "nadie" en griego, y el poema aprovecha el sonido: la palabra suena casi igual a mêtis, la propia astucia que le permite a Odiseo idear el plan. El nombre falso ya lleva escondida, dentro de sí, la virtud que lo salva.
¿Por qué Odiseo le grita su verdadero nombre a Polifemo cuando ya está a salvo?
Porque un hombre que pasó horas siendo Nadie no soporta seguir siendo Nadie: necesita que exista alguien, en el mundo, que sepa quién hizo aquello. El precio llega enseguida, cuando Polifemo le pide a su padre, Poseidón, que el regreso le cueste caro, y así es: diez años más en el mar.
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Clase de origen: Odisseia, de Homero