Por qué lograr lo que queremos no basta: el mito de Eros

Clase de origen: O Banquete, de Platão | O que é, de verdade, o amor platônico

Consigues aquello que querías mucho y, unos días después, te das cuenta de que falta algo. Es una experiencia que casi todos hemos vivido, y la explicación que suele darse es que nunca nos conformamos, o que elegimos mal lo que deseábamos. Platón tiene otra explicación, en el Banquete, y no es la que imaginas: conseguir no basta porque desear nunca fue una cuestión de todavía no haberlo conseguido.

Primero, qué es el deseo

Quien hace la pregunta en el Banquete es Sócrates, y la hace como siempre: en vez de pronunciar un discurso, pregunta. El blanco es el anfitrión, Agatón, que acababa de hacer el discurso más bonito de la noche. El amor, pregunta Sócrates, ¿es amor de algo o de nada? De algo, por supuesto, responde Agatón. ¿Y quien ama esa cosa desea tenerla? La desea.

Con pocas preguntas, Agatón admite lo que parecía obvio y nadie había dicho: deseamos lo que nos falta. En el pasaje 200e, Sócrates lo resume: queda admitido, entonces, que se ama aquello de lo que se carece y que no se tiene.

La consecuencia es mayor de lo que parece. Si el amor desea lo bello, es porque todavía no lo posee por completo. El amor no es lo bello: es la falta de lo bello que se mueve en su dirección.

La objeción de la salud, y el mañana que nadie posee

Quizás estés pensando: "Eso no es del todo así. Tengo salud y deseo seguir sano. Amo a alguien que ya está conmigo." La objeción es natural, y el propio Sócrates la responde en el texto, con más sutileza de lo que parece.

Quien tiene salud y dice que desea tener salud, en realidad, desea otra cosa: seguir mañana con lo que tiene hoy. Y el mañana es lo que nadie posee. Entonces, incluso quien ya tiene lo que ama sigue deseando lo que falta. Falta el tiempo, falta la garantía de que aquello no va a pasar.

De ahí la primera respuesta a la pregunta del título. Conseguir no cierra el deseo, porque la cosa conquistada llega y, junto con ella, llega la conciencia de que puede pasar, de que puede irse. La falta que aparece después de la conquista no es señal de que conquistaste la cosa equivocada. Es el deseo mostrando que, en realidad, quería algo que ninguna conquista entrega por sí sola.

Eros, hijo de Poros y Penía

Aquí Sócrates hace algo poco común: dice que aprendió todo eso de una mujer, Diotima, una sacerdotisa de Mantinea, y pasa a contar la conversación que tuvo con ella cuando era joven. Diotima empieza desmontando la idea de que el amor sea un dios, porque los dioses no carecen de nada, y quien no carece de nada no desea. Pero el amor tampoco es un mortal cualquiera: es un intermediario, un ser que vive en medio entre lo divino y lo humano, entre la ignorancia y el conocimiento.

Y ella cuenta su origen como un mito. El amor sería hijo de dos padres. La madre es Penía, la pobreza; el padre es Poros, el recurso, la ingeniosidad de quien siempre encuentra un camino. De la madre, Eros heredó la carencia: nunca está satisfecho. Del padre, heredó el olfato de cazador: nunca deja de buscar. En el pasaje 203e, el texto dice que lo que consigue siempre se le escapa, de modo que el Amor nunca es pobre ni rico.

Todo lo que Eros consigue se le escurre entre los dedos. Nunca queda del todo pobre y nunca queda rico. El retrato explica la experiencia del principio: el deseo es hijo de la falta con el recurso, y por eso conseguir y seguir buscando no se contradicen. Esos son sus dos padres.

El retrato de quien ama, y de quien estudia

Si te reconociste en este retrato, no es casualidad. Diotima describe la condición de quien ama, pero también la de quien estudia. El filósofo, para ella, es justamente eso: alguien que sabe lo bastante para saber lo que le falta. Eros vive en medio entre la ignorancia y el conocimiento, y el filósofo también.

Lo que buscamos no es la mitad que nos completa

Diotima responde además, sin citar nombres, a la historia de las mitades de Aristófanes, la idea de que cada uno busca a su otra mitad. Se dice por ahí que quien ama busca su propia mitad, pero nadie ama la mitad o el todo solo por ser mitad o todo: ama si es bueno. Tanto es así que la gente acepta amputarse el propio pie o la propia mano cuando están enfermos. Nadie ama lo que es suyo solo por ser suyo. (La historia de las mitades y la respuesta de Diotima tienen artículo propio: el alma gemela, de Platón.)

Ese es el giro de la clase. Lo que buscamos no es el pedazo que nos completa: es el bien, y no un bien cualquiera. Queremos el bien para nosotros y lo queremos para siempre.

Engendrar en lo bello

Y de ahí viene una de las cosas más bellas que dice Diotima sobre el deseo. Como somos mortales y no tenemos lo para siempre, hacemos lo que todos los mortales hacen con lo eterno: engendramos, y engendramos en lo bello, y dejamos algo que permanece después de nosotros. Unos engendran hijos, otros obras, otros poemas o virtudes que enseñan. Es la manera humana de tocar la eternidad por un instante.

A partir de eso, Diotima muestra el camino: el deseo empieza en un cuerpo bello, pasa por la belleza de las almas y del conocimiento, y llega al propio Bello (ese recorrido está en la escalera del amor, de Diotima). El punto que interesa aquí es anterior: el deseo que no se agota al conseguir no es un defecto de fábrica. Es el motor de la subida.

Entonces, ¿por qué conseguir no basta?

Reuniendo las piezas, la respuesta de Platón tiene cuatro pasos. Primero, desear es desear lo que falta, y el amor es la falta de lo bello que se mueve en su dirección. Segundo, incluso quien ya tiene lo que ama sigue deseando, porque le falta el mañana y la garantía de que aquello no pasa. Tercero, Eros, hijo de la pobreza y del recurso, nunca queda del todo pobre ni rico: lo que consigue se le escapa. Cuarto, lo que buscamos no es la mitad que nos completa, sino el bien, para nosotros y para siempre, y por eso engendramos en lo bello.

La falta que sientes después de haber adquirido lo que querías no es una falta tuya, no es un defecto tuyo. Es la señal de que aquello era solo un peldaño.

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Preguntas frecuentes

¿De quién es hijo Eros, según Platón?

En el Banquete, Diotima cuenta que Eros es hijo de Poros y de Penía. La madre es Penía, la pobreza; el padre es Poros, el recurso, la ingeniosidad de quien siempre encuentra un camino. De la madre, Eros heredó la carencia, porque nunca está satisfecho; del padre, el olfato de cazador, porque nunca deja de buscar.

¿Por qué dice Platón que el amor nace de la falta?

Porque, en el razonamiento de Sócrates con Agatón, amar es siempre amar algo, y quien ama desea esa cosa. Si el amor desea lo bello, es porque todavía no lo posee por completo. El amor no es lo bello: es la falta de lo bello que se mueve en su dirección. El texto está en el pasaje 200e.

Si ya tengo lo que amo, ¿sigo deseando lo que me falta?

Sí, y el Banquete responde a esa objeción. Quien tiene salud y dice que desea tener salud está deseando otra cosa: seguir mañana con lo que tiene hoy. Y el mañana es justamente lo que nadie posee. Incluso quien ya tiene lo que ama sigue deseando lo que falta: el tiempo y la garantía de que aquello no va a pasar.

¿Qué significa "engendrar en lo bello" en Platón?

Diotima dice que queremos el bien para nosotros y para siempre. Como somos mortales y no tenemos lo para siempre, hacemos lo que hacen los mortales con lo eterno: engendramos en lo bello y dejamos algo que permanece después de nosotros. Unos engendran hijos, otros obras, otros poemas o virtudes que enseñan.

Continúa: El alma gemela, de Platón, y la respuesta de Diotima · La escalera del amor: lo que Diotima enseña a Sócrates · Qué es tener un amor platónico, según Platón · La verdad como coherencia
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