Volver a empezar tras perderlo todo: la Odisea responde

Clase de origen: Odisseia, de Homero

Existe una frase que casi todo el mundo ha oído, y que casi todo el mundo le ha dicho a alguien: ahora toca empezar de nuevo. Está bien intencionada, y no ayuda mucho, porque no dice nada sobre el tamaño de lo que queda por el camino. La Odisea, un poema de casi tres mil años, responde a la misma situación de un modo más honesto: dice que volver a empezar es duro y generoso a la vez, y muestra las dos caras con el texto en la mano, no con una frase hecha.

El lado duro: el precio que no se nota al pagarlo

El poema no deja duda sobre el costo. Odiseo pasa veinte años fuera de casa y llega con una tripulación de cero hombres: todos sus compañeros mueren por el camino, unos por error propio, otros por decisión de él. Antes de eso, pasa siete de esos veinte años atrapado en una isla, con la ninfa Calipso, que le ofrece la salida más fácil que existe: no envejecer nunca más, no morir nunca más, quedarse allí para siempre. Y él se niega.

"También sé todo esto, que, comparada contigo, la sensata Penélope es inferior en apariencia y en estatura a quien la mire de frente: ella es mortal, y tú, inmortal y sin vejez. Pero aun así quiero, y deseo todos los días, volver a casa y ver el día del regreso." (Odisea, Canto V, según la traducción portuguesa de Christian Werner, Cosac Naify, 2014)

Repara en lo que hace en ese discurso: no niega ninguna ventaja de la oferta. Concede todo, y aun así se niega. No elige la vida mortal porque sea mejor. La elige porque es la suya.

El lado generoso: lo que queda después de la pérdida

Justo después de la negativa, la balsa que construye con sus propias manos es destruida por Posidón, y se queda sin nada: sin barco, sin ropa, sin compañeros, sin poder decir su propio nombre. El poema describe lo que queda de él con una imagen que vale más que cualquier explicación:

"Como cuando alguien oculta un tizón en la ceniza negra, en el límite de los campos, donde no hay otros vecinos, y guarda la semilla del fuego para no tener que encenderlo en otro lugar, así se cubrió Odiseo con las hojas." (Odisea, Canto V, según la traducción portuguesa de Christian Werner, Cosac Naify, 2014)

No es la imagen de un hombre muerto. Es la de una brasa guardada, pequeña, pero viva, esperando el momento de volver a ser fuego. Ese es el lado generoso de la respuesta: perder todo no es lo mismo que dejar de existir. Queda lo suficiente para volver a empezar, incluso cuando no lo parece.

Desnudo, en una playa, pidiendo ayuda a una desconocida

La escena que sigue es el retrato más concreto de un nuevo comienzo que hay en el poema. Odiseo despierta en la tierra de los feacios sin saber dónde está, sin nada más que su propio cuerpo, y encuentra a Nausícaa, hija del rey, que había ido con las criadas a lavar ropa al río y ahora tendía las prendas sobre las piedras de la playa.

Repara en lo que hace, porque es el primer acto visible de reconstrucción de toda su historia: no ataca, no suplica de rodillas, no inventa una historia grandiosa para impresionar. Habla. Calcula que acercarse demasiado asustaría a la joven, así que habla desde lejos, la compara con una diosa y pide lo mínimo posible: ropa y la dirección de la ciudad (Odisea, Canto VI, 141-148). Se reconstruye por medio de la palabra, porque es la única herramienta que le queda, y le basta.

Para quien cree que empezó demasiado tarde

Si hay alguien que cree que perdió el momento justo para volver a empezar algo, vale la pena saber con qué material trabaja la Odisea esa duda: el héroe más celebrado de la Antigüedad vuelve a empezar ya siendo un hombre maduro, desde cero absoluto, desnudo en una playa, pidiendo ayuda a una muchacha que lavaba ropa. El poema no trata esa escena como un fracaso. La trata como el comienzo exacto del regreso.

No es una promesa de que será fácil, y la propia Odisea se niega a hacer esa promesa. Es una constatación más sólida: lleva tiempo, se pierde gente, no se vuelve igual, y aun así hay un camino de vuelta. Lo que sostiene ese camino, de principio a fin del poema, no es la fuerza. Es el deseo de volver, sumado a la inteligencia de encontrar la manera.

Lo que el poema no hace

Vale la pena notar también lo que la Odisea evita decir, porque eso es parte de la respuesta. En ningún momento el poema promete que volver a empezar va a curar el dolor o a borrar lo que se perdió. Odiseo llega a casa veinte años más viejo, sin los compañeros que partieron con él, y el texto no finge que esa cuenta cierra. Lo que ofrece no es un consuelo fácil, es una proporción justa entre el tamaño de la pérdida y el tamaño de lo que todavía se puede construir después de ella. Es esa proporción, sostenida de principio a fin, la que hace de la Odisea una respuesta más seria que la frase hecha que sustituye.

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Preguntas frecuentes

¿Qué enseña la Odisea sobre volver a empezar tras perderlo todo?

Que volver a empezar lleva tiempo, duele y exige pérdidas que no se recuperan: Odiseo vuelve a casa veinte años después, con una tripulación de cero hombres. Pero el poema también insiste en que lo que hace a alguien quien es no es la fuerza, es el deseo de volver sumado a la inteligencia de encontrar la manera.

¿Por qué Odiseo rechaza la inmortalidad que le ofrece Calipso?

Porque la inmortalidad le costaría la vida que de verdad quiere vivir: envejecer junto a Penélope, en una isla pequeña y pedregosa, sabiendo que morirá algún día. Elige la vida mortal, con tiempo contado, en vez de una eternidad sin nadie que lo reconozca.

¿Es verdad que Odiseo vuelve a empezar desde cero, desnudo, en una playa?

Sí. Después de que Posidón destruye la balsa con la que deja la isla de Calipso, Odiseo llega a la tierra de los feacios sin barco, sin ropa y sin poder decir su propio nombre. Es en ese estado cuando le pide ayuda a Nausícaa, que había ido a lavar ropa al río, y vuelve a empezar hablando.

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