Analogía del sol: el Bien de Platón está más allá del ser

Clase de origen: Platão e o Mundo das Ideias: você já sabe o que ninguém te ensinou

Platón pasa casi toda la clase construyendo un mundo de Formas perfectas, lo Igual en sí, la Belleza en sí, y evitando, todo lo que puede, decir qué sostiene todo eso. Cuando finalmente se ve obligado a responder, en el libro VI de la República, duda. La respuesta tiene un nombre, el Bien, y llega mediante una comparación: así como el sol no solo permite ver las cosas, sino que hace que nazcan y crezcan, el Bien no solo hace que las cosas sean conocibles, sino que hace que existan. Y entonces llega la frase que dejó en suspenso a la filosofía griega: el Bien está más allá del ser.

La pregunta que faltaba responder

Piensa en dos gatos blancos, parecidos como para que los llames iguales sin pensarlo dos veces, aun sabiendo que ningún par de cosas en este mundo es perfectamente igual. Platón explica esa igualdad que reconoces, pero que nunca ves por completo, diciendo que los dos gatos participan de una Forma, la Igualdad en sí. La misma lógica vale para la rosa y la Belleza, para el acto justo y la Justicia. Cada cosa sensible tiene un poco de aquello que la Forma correspondiente es por entero.

Solo que las Formas son muchas, y ahí queda una pregunta que toda la clase evitó responder: si cada cosa participa de una Forma, y las Formas son muchas, ¿de qué participan las propias Formas? ¿Qué sostiene el piso de arriba?

Es la pregunta que cierra la clase del profesor Rodrigo Bitencourt sobre el mundo de las ideas, y él mismo nota el tono de quien llega hasta ese límite. La respuesta de Platón es una sola, y la presenta casi disculpándose por no poder decirla bien. Después de páginas enteras definiendo con precisión qué es lo Igual en sí y qué es la participación, el hombre que tenía respuesta para todo duda frente al Bien. Eso ya dice algo sobre el tamaño de la pregunta.

La comparación con el sol

Sócrates, en el diálogo, se retira de definir el Bien de frente y ofrece, en cambio, lo que llama "un hijo suyo, muy parecido a él": el sol. La comparación tiene dos puntas, y las dos importan.

La primera: el sol no es la vista, pero es la causa de que las cosas se vean. Sin luz, ni el ojo más perfecto ve nada. La segunda, y aquí la comparación supera la metáfora fácil: el sol no solo es la causa de que las cosas se vean, también es la causa de que nazcan y crezcan. Ninguna planta prospera sin sol, aunque nadie la esté mirando.

Platón traslada las dos puntas al Bien. En el mundo inteligible, el Bien no es el conocimiento ni la verdad, sino la causa de que las cosas sean conocibles. Y, en la misma frase, va más allá: el Bien también es lo que da a las cosas el propio ser. No es sinónimo de verdad, es lo que sostiene la verdad y lo que sostiene el ser, al mismo tiempo.

En República VI, 509b, Platón dice que el bien no es una esencia, sino que está por encima de ella y más allá, superándola en dignidad y en poder. Vale registrar una divergencia de traducción que es contenido, no detalle: el término griego es ousía, y esa palabra se traduce tanto por ser como por esencia. El video del Nous usa "más allá del ser"; otras ediciones usan "más allá de la esencia". Las dos apuntan al mismo lugar: el Bien ya no es una cosa más que existe junto a las demás. Es lo que hace que las demás existan.

La palabra que atravesó dos mil años: más allá

Fíjate bien en esa palabra, más allá. Es el eje de todo. Eso es trascendencia, en el sentido técnico que la filosofía heredaría después: algo que está fuera y por encima de la propia realidad que sostiene, no solo escondido en algún rincón de ella.

Y aquí vale deshacer un malentendido común. El Bien de Platón no es un dios más en el Olimpo, con celos, pasiones y guerras, como Zeus o Afrodita. Es un principio de otro orden: está por encima de todo lo que existe, todo lo que existe depende de él, y él es, él mismo, el Bien. Ningún filósofo griego antes que él había formulado la pregunta con ese rigor, colocando un principio absoluto fuera de la cadena de cosas que él mismo sostiene. Es la primera vez, en la historia de Occidente, que alguien llega a ese límite.

El Bien, junto a la Verdad y la Belleza, es uno de los trascendentales que la filosofía heredaría y discutiría durante siglos: aquello que no se define por otra cosa, porque todo lo demás se define por él.

Por qué duda

Fíjate en algo antes de seguir. Platón pasó toda la clase hablando con firmeza: definió lo Igual en sí, defendió que es más real que los gatos que ves y tocas, le dio nombre a la participación. Y justo en el punto más alto, exactamente donde la respuesta debía coronarlo todo, duda y admite que no sabe decirlo bien.

Eso no es debilidad de argumento. Es la marca de quien se acercó lo suficiente a una pregunta grande como para sentir su tamaño. Es probable que tú también hayas vivido esa misma duda, no frente a un sistema filosófico, sino frente a tu propia vida: sabes señalar qué es bueno y qué es malo en una decisión, pero si alguien te pregunta qué sostiene ese criterio tuyo, la respuesta no sale fácil. Platón está en el mismo lugar, solo que tuvo el valor de decirlo en voz alta, en medio del argumento más ambicioso que había construido.

Un griego que llegó solo a ese límite

Vale la pena medir la distancia que Platón recorrió para llegar hasta aquí. No tuvo ninguna revelación, no tuvo ninguna escritura sagrada que consultar. Llegó a remo, examinando los razonamientos uno por uno, después de reconocer que mirar directo a las cosas no bastaba. Un griego del siglo IV antes de Cristo, solo, llegó al límite de un principio que está más allá del propio ser.

Si quieres seguir este argumento en la fuente, está en la República, la obra maestra de Platón. Allí no habla solo de política: habla del Bien y de la justicia, en el mismo libro VI donde está la analogía del sol.

Y esa distancia recorrida en soledad es justamente lo que deja abierta la pregunta más interesante de toda esta clase: si un hombre llegó tan cerca sin ninguna ayuda, ¿qué faltaba todavía? Fue otro hombre, muchos siglos después, también solo en un primer momento, quien respondió eso mejor que nadie, y el artículo sobre lo que él encontró, y lo que no encontró, en los libros de los platónicos sigue esa pregunta justo donde Platón la dejó.

Si quieres escuchar este pasaje con la voz de quien la enseña, con la imagen del sol naciendo y la cita en la pantalla, está en la clase de origen, aquí abajo.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la analogía del sol, de Platón?

Es la comparación que hace Platón, en el libro VI de la República, entre el sol y el Bien. Así como el sol no solo permite ver las cosas, sino que hace que nazcan y crezcan, el Bien no solo hace que las cosas sean conocibles, sino que hace que existan.

¿Qué significa que "el Bien está más allá del ser"?

Es la traducción más común de la frase de Platón en República VI, 509b (epékeina tês ousías). El bien no es una esencia, sino que está por encima de ella y más allá, superándola en dignidad y en poder: el Bien ya no es una cosa más que existe entre las demás, es lo que hace que las demás existan.

¿Creía Platón en un dios único?

No del modo que sugiere la pregunta. El Bien de Platón no es un dios más en el Olimpo, que se enamora y pelea como los demás. Es un principio por encima de todo lo que existe, del cual todo depende, y que es él mismo el Bien. Es la primera formulación, en Occidente, de lo que después se llamaría trascendencia.

¿Dónde habla Platón de la Idea del Bien?

En el libro VI de la República, a partir de 505a, cuando se presiona a Sócrates para que diga qué es el Bien y él responde con la comparación del sol en vez de definirlo directamente.

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Clase de origen: F&T 2.4, Platão I: o Mundo das Ideias e a busca pela transcendência