Cuando Agamenón envía a Aquiles una embajada con siete trípodes, diez talentos de oro, doce caballos de premio, mujeres de Lesbos, la devolución de Briseida y la mano de una de sus hijas, lo que recibe a cambio es una de las frases más sorprendentes de la literatura: nada vale lo que vale la vida. Esa negativa, en el Canto IX de la Ilíada, plantea una pregunta que la obra repite de varias maneras y que sirve de hilo a este artículo: ¿qué vale una vida? Aquiles y Héctor responden de modos opuestos, y la palabra griega que explica la diferencia es kléos.
Los pasajes de la Ilíada citados aquí siguen el texto griego de Monro y Allen (Oxford, 1920), en traducción propia, con canto y verso entre paréntesis.
La embajada del Canto IX y los regalos rechazados
El trasfondo es este. Aquiles, humillado por Agamenón, se retiró de la guerra, y sin él los griegos empiezan a perder. Agamenón, que al principio del poema nunca cedió, hace algo que todavía no había hecho: reconoce el error y envía a tres jefes, Odiseo, Fénix y Ayax, para ofrecer la reparación. Enumera todo: oro, joyas, caballos, ciudades, una hija en matrimonio, y Briseida devuelta con el juramento de que nunca la tocó. Es la oferta más rica que registra el poema.
Aquiles lo rechaza todo, con palabras que dejan perplejos a los embajadores. Empieza por el cálculo que nadie quiere oír: la misma suerte le toca al que se queda y al que lucha con valor, y el mismo honor al malo y al bueno (IX, 318-320). Luego dice que saqueó doce ciudades por mar y once por tierra, lo entregó todo a Agamenón y casi nada recibió para sí. Y entonces llega la frase central:
"Porque nada vale para mí tanto como la vida, ni todo lo que dicen que poseía Ilión, aquella ciudad bien poblada, antes, en tiempos de paz, antes de que llegaran los hijos de los aqueos." (IX, 401-403)
En las traducciones habituales, el argumento queda claro y va mucho más allá de un rechazo al dinero: los bueyes y las ovejas pueden robarse, los trípodes y los caballos pueden adquirirse, pero la vida de un hombre no vuelve una vez que ha cruzado la barrera de los dientes (IX, 406-409). Ningún oro compensa lo que él arriesga.
Fíjate en el desencuentro fundamental que pone en escena el canto. Lo que Agamenón ofrece es una reparación en bienes. Lo que Aquiles dice haber perdido pertenece a otro orden: el reconocimiento público de su valor. Cada nuevo objeto de la lista amplía la oferta sin tocar la queja.
Los dos destinos: lo que le dijo su madre
Entonces Aquiles revela a todos lo que sabe desde siempre, porque su madre, Tetis, siendo diosa, se lo contó:
"Pues mi madre, la diosa Tetis de pies de plata, me dice que dos destinos de muerte me llevan hasta el fin: si me quedo aquí y combato junto a la ciudad de los troyanos, pierdo el regreso, pero mi gloria será imperecedera; si vuelvo a casa, a mi querida patria, pierdo la buena gloria, pero mi vida será larga, y el término de la muerte no me alcanzará pronto." (IX, 410-416)
Son dos vidas posibles. En una, lucha en Troya, muere joven y nunca regresa; a cambio, su nombre nunca se borra. En la otra, vuelve a la casa de su padre, envejece, y nadie cuenta sus hazañas. Ninguna de las dos es gratuita: la elección es entre duración y recuerdo.
En el Canto I, Aquiles presentaba la vida corta como razón para exigir honor: "ya que me diste a luz para vivir poco, al menos el Olímpico debería haberme dado honra" (I, 352-353). Aquí la vida corta aparece como una opción que todavía puede rechazar. Anuncia que al día siguiente zarpa. En la clase sobre la Odisea de este canal, el punto de llegada de esta elección se dice así: Aquiles eligió morir joven y convertirse en una estatua. Pero en medio de la Ilíada todavía duda, y no por miedo. Lo que falta es un motivo.
Kléos: la gloria explicada por la elección
Para entender lo que está en juego hace falta la palabra que el poema repite. Kléos suele traducirse como "gloria", y la traducción, como ocurre con las palabras importantes, deja escapar lo esencial. Su raíz es la del verbo "oír": kléos es lo que se oye de alguien, lo que de él se cuenta. Para un guerrero antiguo era el reconocimiento público de su propia historia, y una vida sin kléos, sin gloria y sin honor, era una historia que no valía la pena contar.
Por eso la gloria, para el mundo de Homero, no es brillo. La gloria es continuidad: ser contado, ser recordado. Y es eso lo que la elección de Aquiles pone en la balanza. Volver a casa y vivir mucho es permanecer en el anonimato, sin que nadie cuente sus hazañas. Quedarse es morir, pero tener una historia. Aquiles no elige entre vida y muerte; elige entre una vida sin relato y un relato corto. El kléos no llega como premio posterior, es la razón por la que la cuenta tiene sentido.
Héctor responde a la misma pregunta de otro modo
El poema pone dos escenas una al lado de la otra. Por un lado, Héctor, que sabe que Troya va a caer y aun así vuelve a la guerra, después de tender los brazos a su hijo pequeño, que se asusta del casco con crin de caballo. Por el otro, Aquiles, que sabe que si se queda va a morir y sopesa si vale la pena. Es la misma pregunta, qué vale una vida, con dos respuestas.
Héctor responde con el deber hacia la ciudad y la familia: lucha, a pesar de saber el final. Aquí Aquiles responde con la cuenta de su propia vida y se niega a luchar. Más tarde, a las puertas de Troya, Héctor se dirá a sí mismo que no quiere morir "sin lucha y sin gloria, sino después de hacer algo grande, que también lo sepan los que vengan" (XXII, 304-305). Héctor también quiere ser recordado. La diferencia entre ambos no está en ese deseo, que los dos tienen, sino en lo que cada uno pone en la balanza frente a la vida: Héctor, la ciudad y la familia; Aquiles, en el Canto IX, su honor herido.
Lo que cambia la elección: la muerte de Patroclo
El poema no deja que Aquiles decida por la cuenta. Quien decide es la pérdida. Cuando muere su amigo Patroclo, con la armadura prestada de Aquiles, la duda termina. La madre le advierte que, si mata a Héctor, morirá poco después, y él lo acepta en el acto. Fíjate en la inversión: Aquiles se negó a entrar en la guerra cuando la embajada le suplicó con tesoros, tierras y Briseida, y eligió la vida, que valía más que todo eso. Ahora entrega la propia vida sin pensarlo dos veces, solo que no por la gloria, sino por la venganza.
Él mismo lo dice en el Canto XIX: "Yo mismo bien lo sé: mi destino es perecer aquí, lejos de mi querido padre y de mi madre; pero aun así no me detendré hasta hacer que los troyanos se harten de guerra." (XIX, 420-423). Y en el Canto XVIII ya había dicho que, si tiene que yacer muerto, quiere al menos buena fama, y que las troyanas den un gemido ahogado, secándose las lágrimas, para que sepan cuánto tiempo estuvo lejos de la batalla (XVIII, 120-125). El kléos sigue ahí, pero la elección que muestra el poema es la de un hombre que descubre por el duelo lo que pesa más que el cálculo que había hecho en el Canto IX. Esa ira que cambia de blanco es tema de otro artículo, La ira de Aquiles.
La pregunta que el poema deja abierta
La Ilíada no responde si la elección de Aquiles valió la pena. Quien plantea la duda es el propio Aquiles, en otro poema de Homero: en la Odisea, cuando Odiseo desciende al Hades y lo encuentra entre los muertos (es Odiseo quien lo encuentra, en el Canto XI). Allí Aquiles dice que preferiría ser siervo de un hombre pobre, vivo, a reinar sobre todos los muertos. La clase de Nous sobre la Odisea trata esa escena, y el resumen y análisis de la Odisea muestra dónde cae dentro del conjunto del poema.
Para el lector de hoy, lo que ofrece la elección de Aquiles no es un modelo, sino una pregunta bien formulada. ¿En qué unidad medimos el valor de una vida: en años, en obras, en ser recordado, en quién nos llora? El Canto IX deja claro lo que no cabe ahí: el oro. Y el poema entero responde, a su manera, que el valor de una vida se revela cuando algo, o alguien, está en juego.
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¿Cuál fue el destino de Aquiles?
Dos destinos posibles, y una elección entre ellos. Su madre, la diosa Tetis, le reveló a Aquiles que podía quedarse ante Troya, luchar y morir joven, con una gloria que nunca se apaga, o volver a casa, vivir mucho y ser olvidado. En el Canto IX lo cuenta a todos; después de la muerte de Patroclo, elige la guerra y la muerte.
¿Qué significa kléos?
Kléos es la palabra griega, muchas veces traducida como "gloria", para lo que se cuenta de alguien después de que muere. Su raíz es la del verbo "oír": kléos es ser oído, ser contado, ser recordado. Para un guerrero antiguo, una vida sin kléos era una vida que nadie tendría motivo para narrar.
¿Por qué Aquiles rechaza los regalos de Agamenón?
Porque la oferta (oro, caballos, ciudades y la devolución de Briseida) trata la ofensa como una deuda que se paga con objetos, y Aquiles siente que lo que perdió pertenece a otro orden. Lo resume con la frase de que nada vale tanto como la vida, ni todo lo que Troya poseía antes de la guerra.
¿Aquiles eligió la gloria o la vida larga?
En el Canto IX todavía duda y anuncia que se marcha. Quien decide es la muerte de Patroclo: Aquiles entra en la guerra sabiendo que va a morir, pero ahora la razón es la venganza, no la gloria. La elección que muestra el poema no es un cálculo frío, sino la de un hombre que descubre por el duelo lo que pesa más.
Continúa: La ira de Aquiles: por qué la Ilíada empieza con la rabia · Héctor huye de Aquiles: el detalle de las tres vueltas · Ilíada, de Homero: resumen y análisis · Palacio Barberini y Caravaggio
Clase de origen: Ilíada, de Homero