Reminiscencia en Platón: reconocer lo que nunca viste

Clase de origen: Platão e o Mundo das Ideias: você já sabe o que ninguém te ensinou

Si alguna vez buscaste qué es la teoría de la reminiscencia de Platón, probablemente encontraste siempre la misma frase: el alma vio las Ideas antes de nacer en el cuerpo, y aprender es recordar. No es falsa, pero es la mitad más fácil de la historia, la que se repite porque es corta. La mitad que casi nadie entrega es el argumento que lleva hasta ahí, y empieza en un lugar mucho más simple que cualquier teoría sobre el alma: dos objetos que llamas iguales, sabiendo muy bien que no lo son.

Una igualdad que el mundo nunca te dio

Imagina dos gatos blancos acostados uno junto al otro. Los miras y dices, sin pensarlo dos veces, que son iguales. Solo que no lo son. Uno es un poco más grande. El pelo de uno tira más hacia el crema. Uno tiene una marca cerca de la oreja que el otro no tiene, y si mides con un instrumento mejor, coinciden todavía menos. Aun así, llamaste iguales a los dos, con seguridad, y lo harías de nuevo ahora mismo. La pregunta que sostiene el argumento es: ¿de dónde sacaste esa igualdad?

Platón hizo esa misma pregunta antes que tú, con piedras y trozos de madera, que era lo que tenía a mano en Atenas. En el Fedón, señala que los propios objetos del mundo ya fallan en esa prueba: pueden parecer iguales a los ojos de unos y no a los de otros (Fedón, 74b, traducción tomada de la edición portuguesa de Maria Teresa Schiappa de Azevedo). Sobre cualquier objeto igual que se tenga delante de los ojos, escribe que aspira a identificarse con esa otra realidad distinta, pero se queda muy lejos de lograrlo, y le resulta, al contrario, bastante inferior (Fedón, 74d-e). Todas esas igualdades del mundo, resume el texto, tienden a identificarse con lo Igual en sí, aunque siempre se quedan bastante cortas (Fedón, 75a-b).

¿Cortas de qué? De una Igualdad que no es ningún par de objetos, que no cambia cuando cambia tu humor, y que es exactamente lo que te permite reconocer que los dos gatos se acercan, y que un gato y un armario no. Si esa Igualdad no está en ningún objeto de este mundo, no la aprendiste mirando el mundo. Ningún profesor te la enseñó. No la memorizaste. Y aun así la tienes.

Vale la pena marcar algo antes de seguir: el argumento no te pide que aceptes nada sobre un "otro mundo" para funcionar. Parte solo de un hecho que puedes comprobar tú mismo, ahora mismo, con solo mirar alrededor: ya usaste una medida de igualdad que ningún objeto específico te enseñó, y la usaste con suficiente seguridad como para nunca haberte detenido a preguntar de dónde venía.

Fíjate en que el argumento no depende de ningún gato. Platón usó piedras y madera porque era el material de su época, y la clase de la que sale este artículo los cambia por dos gatos blancos solo porque es más probable que tengas un gato en casa que un par de piedras iguales en un cajón. El objeto cambia. El argumento, no. Cualquier par de cosas parecidas que hayas comparado alguna vez en tu vida sirve para repetir la prueba, y el resultado es siempre el mismo: tenías una regla que ninguno de esos objetos te dio.

Anámnesis: un desolvido

La respuesta de Platón para esa laguna tiene nombre, y es una de las palabras más bonitas que ha producido la filosofía: anámnesis. Puede traducirse por memoria, pero la traducción más precisa es más extraña: un desolvido.

Aprender, en esta clave, no es recibir de fuera algo que no tenías. Es reconocer algo que, de algún modo, ya llevabas contigo, y que estaba olvidado. Eso resuelve el problema de los dos gatos sin inventar ningún sentido nuevo para la palabra conocer: nunca mediste la Igualdad en ningún lugar del mundo porque nunca estuvo ahí para ser medida. Bastaba con recordarla. Bastaba con acordarse.

Y aquí está el motivo por el que vale la pena ir más allá de la frase hecha sobre el alma antes de nacer. Esa frase es una afirmación sobre un estado anterior del alma, difícil de verificar y fácil de descartar. El argumento no te pide que creas eso primero. Te pide que repares en lo que tú mismo acabas de hacer con los dos gatos, y que expliques de dónde sacaste la regla. Es ese orden, el hecho concreto antes de la tesis sobre el alma, el que suele quedar fuera cuando la reminiscencia se convierte en definición de diccionario.

La prueba que ya habías visto: el muchacho y el cuadrado

Platón no deja esa tesis suelta en el aire, y el argumento de los dos gatos no es su único apoyo. En una clase anterior de esta misma formación, sobre Sócrates, quedó registrada una escena que el profesor Rodrigo Bitencourt dejó a propósito sin cerrar, como una cuenta pendiente, y ahora vuelve como la pieza que faltaba. En el Menón, un muchacho sin ninguna instrucción en geometría es llevado ante un cuadrado dibujado en el suelo, y un hombre que no enseña nada, solo pregunta, lo conduce hasta un resultado correcto. Al final, el muchacho sabía geometría.

Si nadie le enseñó nada a ese muchacho, ¿de dónde vino lo que llegó a saber? La respuesta es la misma que con la Igualdad: el saber no fue puesto dentro de él. Fue ayudado a mirar hacia dentro y encontrarlo. Esa escena no es una ilustración simpática al lado del argumento de los gatos, es su demostración práctica, el momento en que la tesis sobre reconocer en vez de recibir deja de ser abstracta y se convierte en un caso con nombre y resultado. El diálogo Menón, de Platón cuenta esa escena por completo, y el método detrás de la pregunta que no enseña nada, y aun así produce saber, es el mismo que sostiene la mayéutica de Sócrates: preguntar bien, en lugar de entregar la respuesta ya hecha.

Una consecuencia que queda para el próximo artículo

Si la estructura del saber es reconocimiento, y no transferencia de quien tiene a quien no tiene, algo se mueve en la pregunta de quién es dueño de la verdad. Si nadie necesitó autorización para llegar ahí, la autorización deja de ser la moneda que decide quién entiende y quién no. Esa consecuencia merece su propio espacio, y no cabe aquí sin estirar el argumento más allá de lo que sostiene: de eso trata el próximo artículo de este cluster, ¿Puedo entender filosofía sin título?

Por ahora, queda el argumento. Los dos gatos siguen sin ser iguales, pero la medida que usaste para reconocer que se acercan nunca vino de fuera. Es esa misma cadena, de los gatos al muchacho del cuadrado, la que el profesor Rodrigo Bitencourt recorre en la clase de origen de este artículo, junto con el resto del razonamiento de Platón sobre lo que es real.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la teoría de la reminiscencia de Platón?

Es la tesis de que aprender no es recibir información nueva, sino reconocer algo que, de algún modo, el alma ya llevaba consigo y había olvidado. Platón lo llama anámnesis, un desolvido, y sostiene la tesis con un argumento sobre el origen de ciertas nociones, como la Igualdad, que ninguna experiencia del mundo enseña por sí sola.

¿Anamnesis y reminiscencia son lo mismo en Platón?

Sí. Anámnesis es la palabra griega, y reminiscencia es la traducción consagrada al español. Las dos designan el mismo movimiento: no traer un conocimiento de fuera, sino recordar un conocimiento que ya estaba presente, encubierto.

¿Cuál es el argumento de Platón para la reminiscencia?

En el Fedón, observa que reconoces la igualdad entre dos cosas aun sabiendo que ningún par en el mundo es perfectamente igual. Si lo Igual en sí no está en ningún objeto que hayas visto, no lo aprendiste mirando el mundo. Luego ya estaba, de algún modo, en ti.

¿Dónde habla Platón de la reminiscencia?

La palabra y el argumento aparecen en el Menón (81c-d) y en el Fedón, sobre todo en el pasaje sobre lo Igual en sí (74b-75b). En el Menón, el argumento recibe una demostración práctica: la escena de un muchacho sin instrucción que llega solo a un resultado de geometría.

Continuar: Platón y el mundo de las ideas: la medida que nadie te dio · La segunda navegación de Platón: el método de las ideas · Fedón, de Platón: tres pasajes para leer primero · ¿Por qué Macbeth es "la obra escocesa"?
Clase de origen: F&T 2.4 - Platão I: o Mundo das Ideias e a busca pela transcendência